La salud financiera no es cosa de ricos. Es simplemente poder vivir sin que el dinero sea una angustia constante.
Una persona tiene buena salud financiera cuando se cumplen, en general, estas condiciones:
1. Puede pagar sus gastos básicos sin dificultad, vivienda, comida, luz, agua, transporte y otros gastos esenciales están cubiertos con los ingresos habituales.
2. Las deudas son manejables, las cuotas de préstamos o tarjetas no consumen una parte excesiva de los ingresos y se pagan con normalidad.
3. Existe cierto margen para imprevistos. Si aparece un gasto inesperado, una reparación, una avería, un problema médico, se puede afrontar sin tener que endeudarse más.
4. No hay estrés constante por el dinero. Las decisiones económicas no se toman desde el miedo o la urgencia permanente.
5. Existe una mínima capacidad de planificación. Se pueden hacer planes a medio plazo: cambiar de coche, mejorar la vivienda o simplemente ahorrar algo.
Cuando la cosa empieza a torcerse
Casi nadie llega a una situación de deuda por irresponsable.
Normalmente hay una circunstancia en nuestra vida como un divorcio, un despido, una enfermedad que te impide trabajar con normalidad, un accidente… que lo cambia todo. Un evento que no elegiste y para el que el sistema no tiene respuesta. Y si encima tienes una propiedad, paradójicamente tienes menos derechos que quien no tiene nada.
A partir de ahí, la espiral es conocida: las deudas se comen cada vez más del sueldo, aparecen los primeros retrasos, pides un crédito para pagar otro. Y un día te das cuenta de que ya no estás viviendo, estás tapando agujeros.
Y no es solo el dinero. Es el sueño que se va, las discusiones en casa, la sensación de que no hay salida.
Identificarlo a tiempo lo cambia todo 😀
Cuanto antes actúes, más opciones tienes. Si te reconoces en alguna de estas situaciones, no esperes a que la bola sea más grande.
Cuéntanos dónde estás. Te decimos qué puedes hacer.
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