La reunificación de deudas es un producto financiero. Te reduce la cuota mensual — pero a cambio pagas durante más años y acabas debiendo más dinero del que debías al principio. No elimina nada: lo estira y lo encarece.
La Ley de la Segunda Oportunidad es exactamente lo contrario. No estiras la deuda — la cancelas. Total o parcialmente, ante un juez, con la ley de tu lado.
Si puedes asumir tu deuda y solo necesitas respirar un poco cada mes, la reunificación puede tener sentido. Pero si la deuda se te ha ido de las manos y no hay forma de pagarla — aunque te la estiren veinte años — la Segunda Oportunidad es tu camino.